Las nuevas tecnologías que están revolucionando la detección del cáncer gástrico
Para la mayoría de las personas, la detección del cáncer sigue asociándose con procedimientos invasivos, como las biopsias, y con la incertidumbre ante un diagnóstico tardío. Durante décadas, este ha sido el paradigma dominante: una espera ansiosa seguida de una intervención física para confirmar o descartar la enfermedad. Hoy, ese panorama está cambiando gracias a dos revoluciones tecnológicas que avanzan en paralelo.
- La primera revolución apunta hacia el interior del cuerpo con una claridad sin precedentes, utilizando la luz y la computación para revelar lesiones incipientes que antes eran invisibles al ojo humano.
- La segunda revolución actúa como un detective molecular, analizando lo que el cuerpo libera en el torrente sanguíneo para encontrar las huellas moleculares que los tumores dejan tras de sí.
Juntas, estas innovaciones prometen un futuro en el que el cáncer se puede detectar antes, con mayor precisión y de forma menos invasiva.
Ver lo invisible: Cómo la luz avanzada revela el cáncer que el ojo no puede detectar
La endoscopia tradicional, conocida como Endoscopia de Luz Blanca (WLE), ha sido durante mucho tiempo la herramienta principal para examinar el tracto gastrointestinal. Sin embargo, su principal limitación es que depende del color y la morfología natural del tejido, lo que a menudo le impide detectar lesiones sutiles o en etapas muy tempranas. Un tumor incipiente puede pasar desapercibido, retrasando el diagnóstico.
Para superar este obstáculo, han surgido técnicas endoscópicas avanzadas que utilizan longitudes de onda de luz específicas o mejoras digitales para "ver" lo que las cámaras estándar no pueden. Una de las más efectivas es la Imagen de Banda Estrecha (NBI). Esta tecnología utiliza filtros de luz azul y verde para acentuar el contraste entre los vasos sanguíneos y el tejido mucoso circundante. Este método es eficaz porque, en fases tempranas, los tumores inician la formación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) para asegurar su crecimiento. La NBI hace que esta red delatora, normalmente invisible, brille con claridad.
Llevando este concepto un paso más allá, la Endomicroscopía Láser Confocal (CLE) permite realizar exámenes microscópicos en tiempo real durante una endoscopia, un procedimiento que a menudo se describe como una "biopsia óptica".
La CLE utiliza un láser para escanear el tejido a nivel microscópico, revelando estructuras celulares como la disposición glandular y la atipia nuclear, que son indicativas de lesiones cancerosas o precancerosas. Esto permite a los médicos obtener una evaluación cuasi-histológica al instante, sin necesidad de extraer múltiples muestras de tejido.
El salto en la capacidad de diagnóstico es notable. Una comparación directa de la precisión de estas técnicas muestra una mejora drástica con respecto a los métodos tradicionales.
Las huellas del cáncer en una gota de sangre: El poder del ADN tumoral circulante
La segunda revolución se basa en la “biopsia líquida”, una alternativa mínimamente invasiva que requiere solo una muestra de sangre. Esta técnica analiza el material derivado del tumor que circula por el cuerpo, siendo uno de sus componentes más importantes el ADN tumoral circulante (ctDNA).
El ctDNA está compuesto por fragmentos de ADN liberados al torrente sanguíneo por las células tumorales durante procesos de apoptosis (muerte celular programada) o necrosis, y reproduce las mismas mutaciones y alteraciones genéticas que el tumor primario .
El ctDNA refleja el panorama genético y epigenético de su tumor, permitiendo una biopsia líquida no invasiva.
Una de las aplicaciones más impactantes del ctDNA es la detección de la Enfermedad Mínima Residual (MRD). Este término se refiere a la presencia de trazas microscópicas de cáncer que permanecen en el cuerpo después de una cirugía u otro tratamiento con intención curativa. La detección de ctDNA después de la cirugía en pacientes con cáncer colorrectal, por ejemplo, es un fuerte predictor de recurrencia. Esta información es crucial, ya que puede ayudar a los profesionales sanitarios a decidir si un paciente se beneficiaría de un tratamiento adicional, como la quimioterapia adyuvante, para eliminar las células cancerosas restantes.
Espías en movimiento: Rastrear la metástasis con células tumorales circulantes
Además de los fragmentos de ADN, las biopsias líquidas también pueden detectar Células Tumorales Circulantes (CTC). A diferencia del ctDNA, las CTC son células cancerosas completas que se han desprendido del tumor primario o de un sitio metastásico y viajan a través del torrente sanguíneo, donde pueden ser capturadas y contadas gracias a que poseen proteínas únicas en su superficie que las delatan. Se comportan como "espías" o "exploradores" del tumor, capaces de iniciar nuevos focos metastásicos.
El recuento de estas células en una muestra de sangre proporciona información pronóstica crucial. Un número elevado de CTC se asocia a menudo con un mayor riesgo de metástasis y puede ayudar a predecir cómo responderá un paciente a una terapia específica. Además, analizar estas células individuales ofrece una ventana a la biología del tumor, revelando su heterogeneidad y los mecanismos de resistencia que podría desarrollar contra los tratamientos.
Mensajeros diminutos con grandes secretos: Las vesículas extracelulares
El último componente clave de la biopsia líquida son las vesículas extracelulares pequeñas (sEVs), también conocidas como exosomas. Se pueden imaginar como diminutos paquetes o burbujas que las células, incluidas las cancerosas, liberan para comunicarse entre sí. Estas vesículas transportan un conjunto diverso de moléculas bioactivas, como proteínas, lípidos y ARN.
Las sEVs derivadas de tumores juegan un papel activo en la progresión del cáncer. Pueden viajar a partes distantes del cuerpo y "preparar el terreno" remodelando el microambiente para facilitar el crecimiento del tumor, ayudarlo a evadir el sistema inmunitario y promover la metástasis. Debido a que su carga molecular refleja el estado de la célula de la que provienen, las sEVs son biomarcadores muy prometedores. Por ejemplo, estudios han demostrado que la presencia de un tipo específico de ARN (tRNA-GlyGCC-5) en las sEVs de la saliva podría ayudar a distinguir entre condiciones malignas y benignas, y potencialmente aplicables a muestras de saliva o fluidos corporales, ampliando las posibilidades de cribado no invasivo.
Conclusión: El futuro está aquí, pero no en todas partes
Las dos fronteras que hemos explorado —la imagen interna mejorada con luz y la biopsia líquida externa de alta sensibilidad— están redefiniendo lo que es posible en la detección temprana y el monitoreo del cáncer. Estas tecnologías nos permiten encontrar la enfermedad antes, entender su biología en tiempo real y tomar decisiones de tratamiento más personalizadas y con menos molestias para el paciente.
Sin embargo, es importante reconocer que estas técnicas avanzadas aún no están disponibles de forma generalizada. Su adopción se ve obstaculizada por desafíos significativos, como los altos costes de los equipos, la necesidad de formación especializada para los profesionales sanitarios y la falta de estandarización en los protocolos de análisis. A medida que la investigación avanza y se superan estas barreras, el impacto en la atención oncológica será profundo.
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Referencias:
📌 Mastoi MG, et al. Advances in endoscopic techniques for early detection and treatment of gastrointestinal cancers: A systematic review. Medicine (Baltimore). 2025 Oct 17;104(42):e45315.
📌 Palieri R, et al. Liquid biopsy in gastrointestinal oncology: clinical applications and translational integration of ctDNA, CTCs, and sEVs. Oncol Rev. 2025 Oct 20;19:1702932. doi: 10.3389/or.2025.1702932.
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